Hasta la Guerra Civil

Ligada en buena medida a la incipiente revolución industrial, la Francmasonería se asienta fundamentalmente en Asturias a lo largo del siglo XIX, sufriendo vaivenes de todo tipo, ligados unas veces a disensiones internas de los diferentes grupos, y otras a la actuación de las fuerzas del orden público.

Gijón, motor económico de la región, y Oviedo, capital histórica, destacan ya por la presencia de diferentes estructuras masónicas que la profesora Victoria Hidalgo Nieto refleja en su trabajo de investigación “La Masonería en Asturias en el siglo XIX (1985). Así, ya en 1850 aparece la primera logia del Gran Oriente de Francia en nuestro suelo, “Los Amigos de la Naturaleza y Humanidad, que tendrá una evolución compleja y una relación más que accidentada con la Obediencia. Otros talleres que vieron la luz en Gijón son la Logia Razón, con diez años de existencia comprendidos entre 1878 y 1888; y la Logia Perla del Cantábrico, 1891-1892. En Oviedo podemos hablar de la Logia Luz Ovetense, 1874-1877; Logia Nueva Luz, 1877-1886; Logia Los Caballeros de la Luz 1886-1888; Logia Juan González Río, 1888-1893; y un Capítulo (estructura en la que trabajan los titulares de determinados grados por encima del de Maestro, denominados, altos grados, grados superiores o, en el caso del Rito francés, órdenes de sabiduría), denominado “Vigilante de Asturias”, 1889-1892.  Avilés también contará con presencia masónica a finales del siglo XIX; dos son las logias de las que se tiene constancia, Justicia, 1879, y Concordia, 1888. Otro tanto sucederá en poblaciones en las que quizá hoy nos parecería impensable que pudiera existir una logia, como es el caso de Bimenes o Luarca.

Ya en pleno siglo XX y con el régimen republicano instalado en España, la francmasonería conserva su presencia y actividad en Asturias, con estructuras que han ido apareciendo a lo largo del primer tercio del siglo. El golpe de Estado que da lugar al inicio de la Guerra Civil pondrá fin a todo ello, desapareciendo definitivamente las logias a medida que el frente del Norte se desmorona y las fuerzas rebeldes avanzan por la región. Gijón, última población en ser ocupada, cae en manos de los golpistas el día 21 de octubre de 1937. La historiadora Victoria Hidalgo, en su trabajo sobre la represión de la masonería en Asturias, señala que al día siguiente, por la mañana, el Juzgado Especial constituido expresamente para la represión de las actividades masónicas, penetra en los locales del número 3 de la calle La Playa. Se incautan los bienes de las Logias Jovellanos y Riego, así como los del Soberano Capítulo Alberto de Lera y también de diverso material perteneciente a la Gran Logia Regional del Noroeste, que tenía allí su sede.